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Las gunas

Las gunas: las tres cualidades de la experiencia

Los Yoga Sutras nos invitan a observar algo que quizás ya conocés en tu propio cuerpo: que todo lo que existe —incluida tu mente— tiene cualidades que cambian, se mezclan y se influencian mutuamente. A esas cualidades los textos las llaman gunas, una palabra que podría traducirse como “hebras” o “fibras”, como si toda la experiencia estuviera tejida de ellas.

Las gunas no son categorías rígidas ni juicios de valor. Son presencias que conviven, se entraman, y juntas forman la textura de cada momento.

¿Cuáles son las tres gunas?

Sattva es la cualidad de la ligereza, la claridad, la calma. Cuando algo en vos se siente despejado, liviano, en paz —eso es sattva. Se la suele representar con el blanco.

Rajas es la cualidad del movimiento, la energía, el impulso. Es lo que te pone en marcha, lo que activa, lo que fluye. Se la representa con el rojo.

Tamas es la cualidad del peso, la densidad, la quietud profunda. Es lo que sostiene, lo que da forma, lo que descansa. Se la representa con el negro.

Una imagen para sentirlo

Pensá en una lámpara de aceite encendida.

La mecha de algodón —blanca y liviana— es sattva. El aceite que fluye y alimenta la llama es rajas. El recipiente pesado que todo lo contiene es tamas.

Sin el recipiente no hay aceite. Sin el aceite no hay llama. Sin la mecha no hay luz. Las tres juntas —en su exacta proporción— producen algo que ninguna podría crear sola.

Las gunas no son ni buenas ni malas

Cada una tiene su momento, su función, su lugar. A la noche, el cuerpo necesita tamas para poder descansar de verdad. Por la mañana, rajas te permite moverte, comenzar, activarte. En la contemplación, sattva ofrece claridad y presencia.

No se trata de cultivar solo una y deshacerse de las otras. Se trata de notar cuál predomina en cada momento, y si eso te está sirviendo.

Las gunas también están en lo que nos rodea

Todo lo que entra en contacto con vos —el alimento que elegís, el ambiente en el que estás, los pensamientos que circulan, la forma en que respirás— tiene sus propias cualidades y influye en las tuyas.

Esto es una invitación, no una presión: empezar a notar, desde la curiosidad, qué texturas predominan en tu vida cotidiana. ¿Qué te da ligereza? ¿Qué te activa? ¿Qué te sostiene?

En la práctica de yoga

Cuando exploramos una asana, podemos empezar a percibir sus tres cualidades: qué hay de sattva en ella (su intención, su dirección), qué hay de rajas (el esfuerzo, la energía muscular, el flujo), qué hay de tamas (la base, el peso, el apoyo).

Aprender a cultivar el rajas y el tamas —el aceite y el recipiente— al servicio de sattva —la mecha y la luz— es una forma profunda y concreta de profundizar en la práctica. Es encender la llama.

Gisele Gramundo
Author: Gisele Gramundo

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