Las ocho ramas del yoga
Las ocho ramas del yoga constituyen un enfoque práctico que se dirige a todos los aspectos del ser. Constituyen un proceso integrado para la eliminación de las impurezas que distorsionan nuestra visión y nos proporcionan herramientas con las que podemos examinar cada faceta de nosotros mismos desde todas las perspectivas.
Estas ocho ramas son:
- Yama
Esta relacionado con nuestro comportamiento frente a los demás y frente a nuestro entorno. El ser humano ha sido un ser social desde la antigüedad. No puede sobrevivir en aislamiento. Como miembro de la sociedad tiene ciertas obligaciones y privilegios.
Pantajali define la conducta social hacia los demás como: no violencia, veracidad, no codiciar, moderación en el sexo y no atesorar.
El cuerpo se conserva fuerte y saludable sólo cuando manas (mente) y prana (respiración) están bien asentados en el interior. Cuando la mente es estable, la respiración y la energía vital también se vuelven estables. Al estabilizar la energía vital, uno adquiere fuerza y firmeza en el cuerpo. - Niyama
Así como Yama está relacionado con nuestras interacciones con los demás, Niyama se ocupa de nuestra actitud para con nosotros mismos. Esto incluye la limpieza personal, la satisfacción, la eliminación de impurezas mediante la disciplina y los hábitos adecuados, el continuo aprendizaje de nuestras limitaciones y la aceptación de ellas. - Asana
Las asanas son uno de los distintivos del yoga que más vemos. Conducen desde el plano físico al espiritual. Asana significa mantener el cuerpo en una postura particular con el pensamiento de que Dios está en nuestro interior. El asana se ha de mantener con firmeza o Shira para que la divinidad no se tambalee. Asana jaya o la conquista del asana llega cuando cesa el esfuerzo y se asienta la estabilidad. La estabilidad trae consigo el estado de sukhata o beatitud. Un asana que es realizada en ese estado ya no es realizada con el cuerpo físico sino por el Sí-Mismo interior. En este estado el cuerpo ha sido conquistado, las dualidades han desaparecido y se ha logrado la unión del cuerpo, la mente y el alma.
La práctica de asana conduce al cuerpo a un estado de estabilidad, libera de la enfermedad y aporta ligereza al propio ser. - Pranayama
Pranayama es la práctica de entrenar nuestra respiración de modo que tenga un efecto sobre nuestra mente, nuestra consciencia y nuestro estado general.
El control de la respiración, realizado de manera correcta, erradica todas las enfermedades. La práctica del control de la respiración conduce a una mente pura. Disuelve la envoltura que oculta el resplandor interior. Una mente así es apta para la concentración.
“Prana” es la propia fuerza vital, “ayama” significa expansión de su duración, amplitud y volumen. De modo que el alargamiento sistemático de la inspiración y de la espiración y la pausa entre ambas es el control de la respiración. - Pratyahara
Se dirige a las influencias de nuestros sentidos sobre nuestras mentes cuando tratamos de acometer alguna acción específica. Idealmente los sentidos deberían seguir a la mente, en vez de ser atraídos en muchas direcciones por los objetos que están percibiendo.
Los cinco órganos de los sentidos están en contacto con el mundo exterior a petición de la mente. Esa extroversión de los órganos de los sentidos debida a su anhelo por los objetos mundanos se ha de frenar y dirigir hacia dentro, hacia la fuente de toda existencia.
Cuando la mente (chitta) dispersa está bajo control completo, los órganos de los sentidos también lo están. Tener mando sobre los órganos de los sentidos y dirigirlos hacia el interior es pratyahara. - Dharana
Pantajali ha definido la concentración como la focalización de todos los sentidos en el alma individual.
La mente vaga en diferentes direcciones debido a las influencias de las cinco cualidades sutiles del olor, el sabor, visión, tacto y sonido. Estas cinco cualidades se sienten a través de los órganos de la nariz, lengua, ojos, piel y oídos. Cuando la mente, el intelecto y el ego están totalmente enfocados en el Sí-Mismo, esto es Dharana y se abre la puerta para el siguiente estadio, dhyana o meditación. - Dhyana
Cuando mantenemos la atención enfoca de principio a fin en estado de concentración antes descripto, sin estar limitado por el espacio, ésta se convierte en dhyana o meditación. En este estado de concentración profunda y de flujo de meditación estable e ininterrumpido, el cuerpo, la respiración, la mente, el intelecto y el ego, pierden su existencia individual y se sumen en un solo estado de existencia. La fusión del alma individual con el Alma Universal es meditación. - Samadhi
El estadio octavo y último del yoga es samadhi. Al igual que un rio desemboca en el mar y pierde su identidad, el alma individual se fusiona con el Supremo. En este estadio, la identidad está inmersa tanto externamente como internamente en meditación.
El arquero (sadhaka) con el arco de dhyana (meditación) en la mano, con la flecha de chitta (mente) fijada, apunta – con la visión centrada en la diana del Sí-Mismo y lanza atentamente un solo disparo infalible (realización). En ese momento no se experimenta diferenciación.
Al igual que las ramas de un árbol, se desarrollan simultaneamente y en etapas secuenciales, aunque están dispuestas en un orden que sugiere un movimiento de lo básico a lo sutil o desde relaciones externas hacia un refinado estado de introspección. Sin embargo, en la práctica, la experiencia de cada una informa a las otras en cada momento.
Lo más importante para comenzar y mantener nuestra práctica, es que primero reconozcamos que nuestro entendimiento actual de cómo son las cosas, es falso. Tenemos que aceptar que necesitamos dar pasos para cambiar el entendimiento, y después tenemos que tener un real deseo y voluntad de hacerlo. Tenemos que sentir la fuerte necesidad de viajar hacia el estado del yoga, y después comenzar esta práctica, continuando el viaje sin perder por el camino el espíritu de la práctica.


